La palabra democracia deriva del griego demos (pueblo) y kratós (poder), por lo tanto, el poder para el pueblo. La idea inicial de los griegos era la de que toda la población se gobernara a sí misma con un sistema de representantes electos, que hablaran en nombre de ellos, decidieran por ellos, fueran ellos. Este sistema ha sido usado en distintos momentos de la historia como el sistema de poder más equilibrado, aquel que daba voz a todos los ciudadanos y por lo tanto, aquel mejor para la comunidad.

Winston Churchil decía que la democracia era el menos malo de los sistemas políticos, pero como todos los sistemas, tiene fallos, y bastantes. Nuestra democracia implica que el ciudadano sea lo suficientemente reponsable para emitir su voto con racionalidad y no se deje engañar por políticos con hambre de poder y proyectos poco sòlidos. Implica también que los representates sea lo suficientemente cuerdos como para poder representar a aquellos que los han votado en sus ideas. Y por último, básico y elemental, implica ceñirse a unos patrones a la hora de emitir el voto, unos patrones en los que las ideas poco comunes no están representadas, y por lo tanto no puede ser elegidas.

Churchill también decía que el mejor argumento en contra la democracia era una conversación de cinco minutos con el votante medio. Relacionándolo con el artículo anterior, la educación es elemental en nuestro sistema, y si la educación tiene un problema, la democracia lo nota, y mucho. Por lo tanto, para lógico que tenemos un problema a todos los niveles y relacionados entre sí, un problema de educación del ciudadano y también un problema en la concepción de la democracia.

Comentado ya el de la educación en el artículo anterior, creo que es interesante también rehacer aquello que entendemos por democracia en nuestro mundo. Actualmente la democracia se ejerce un día cada cuatro años, aquellos que los periodistas acostumbran a designar como “la fiesta de la democracia”. Pero creo que deberíamos rehacer el sistema, deberíamos hacer un sistema democrático en el que el ciudadano pudiera implicarse más en el proceso, en el que se le diéramos más voz al ciudadano. El ciudadano debería aprender que la democracia es más que votar, hay que cambiarla des de las bases, las manifestaciones son democracia, las asociaciones son democracia, los manifiestos son democracia..

Hay que empezar a entender que no nos podemos limitar a votar cada cuatro años, entender que las movilizaciones ciudadanas son la base para intentar rehacer la democracia y pedir una nueva democracia en la que el ciudadano tenga más responsabilidad pero a la vez esté más preparado para tenerla. Por lo tanto, hay que preparar bien al ciudadano y después, darle el poder, ahora no hacemos ni una cosa ni la otra. Democracia y educación van de la mano mucho más de lo que nos parece, así que deberíamos empezar una gran revolución a todos los niveles para llegar a una nueva situación en la que la gente sea conciente de que es importante en el sistema, y a la vez el sistema crea en el ciudadano.

Cierren los ojos e imaginen un mundo en el que todos los ciudadanos emiten su propia opinión sobre el futuro de su estado, un mundo en el que todos son educados en un entorno de comprensión y racionalidad, un mundo en el que las decisiones son racionales y los gobernantes son los más capacitados, ¿suena bien? vamos a intentarlo!

¡Viva la democracia!