Hoy me gustaría seguir con las reflexiones sobre el mundo en el que vivimos y hablar de como decide la gente vivir en nuestro mundo. Es un tema que ya he tocado en más de una ocasión en el blog porque me parece importante para un buen funcionamiento de la sociedad, pero hoy me gustaría volver a hacer una reflexión sobre el tema. Nuestro mundo parece que está dividido en aquellos que siguen al sistema, aquellos que van contra el sistema (por sistema, no nos equivoquemos) y algunos que se lo miran (desde dentro, porque sabemos que no podemos vivir fuera del sistema) con la sensación que deberíamos hacer algo pero que limitarse a ir  a la contra no es la solución.

El primer grupo son aquellos ciudadanos que deciden seguir lo que se les manda, acatar las leyes y órdenes que provienen de órganos superiores sin dudar en ningún caso de su veracidad, ni plantearse levantarse contra las mismas. La humanidad ha estado siempre llena de este tipo de gente, porque en el fondo son los que hacen más fácil el desarrollo de una sociedad, pero a la vez pierden toda la capacidad de razonamiento y análisis. Posiblemente son gente educada en este sistema (sabemos que la educación es básica en estos temas), gente que decide que el mundo ya está bien como está y se limita a vivir su vida.

Pero yo querría pararme un momento en los del segundo grupo. Aquellos que alardean de ir contra el sistema, aquellos que se quejan constantemente, aquellos que creen que chillando arreglarán el mundo, o simplemente aquellos que siguen  a un rabaño (este sí, en contradirección) que parece más molón que el anterior, pero que en el fondo es entre poco y nada diferente. Este grupo está creciendo en nuestra sociedad, un grupo de antisistemas con el único y simple objetivo de hacer daño al sistema sin plantearse en ningún momento qué viene después. Es un movimiento de rabia mal dirigida, un movimiento de gente que no ha entendido que para cambiar las cosas hay que hacer algo más que destruir, hay que construir. Descartes dice en el Discurso del Método que normalmente creer en una cosa y creer que se cree en una cosa no van de la mano, en resumen, que hay mucha gente que dice creer pero no cree, y esto es exactamente lo que les pasa a un gran grupo de gente que han descubierto que la posición de ir contra el sistema es la más cómoda, y por lo tanto, ahora toca ser antisistema. Lo interesante es que por el simple hecho de estar siempre contra el sistema, se pierde totalmente la capacidad de análisis racional de las cosas, con lo que el cambio de bando no da frutos de ningún tipo.

Y por último, el grupo de los preocupados,  preocupados por un sistema que saben que va mal, un sistema que requiere de antisistemas para funcionar (los antisistemas son el mejor alimento para el sistema, un pez que se muerde la cola), y que allí los tienes, un sistema que requiere de una educación poco racional, y allí la tienes, un sistema que requiere de una democracia poco participativa, e vualá. Algunos dirán que estos últimos son antisistema, pero yo creo que la gran diferencia entre unos y otros es la capacidad de saber entender las partes positivas del mismo sin tirarse a destruir, entender que para que exista un cambio serio en nuestro mundo falta alguna cosa más que protestar, protestar y protestar, hay que ponerse a trabajar.

Un cambio en nuestro mundo requerirá algo más que un grupo de gente con ganas de lío, un cambio requerirá grandes mentes que empiecen a trabajar, requerirá grandes proyectos, requerirá aprender a construir y destruir a la vez para que el mundo no se quede en nada, requerirá capacidad de análisis suficiente para entender qué está pasando, pero sobretodo, requerirá que alguien empiece a hacer algo, porque un mundo en el que quemar es la solución no es el mundo que nuestros hijos querrían tener.

Es duro, difícil y complicado: movilizar a gente es la parte fácil, lo difícil es ponerse a trabajar. Pero a ver si de una vez todos se salen de sus esquemas, todos dejan sus papeles y empiezan a usar la cabeza para entender qué está pasando en nuestro mundo sin tener las ideas predefinidas. Solo así podremos ver el citado cambio, solo así el mundo entenderá que hay que empezar un proyecto serio para acabar en un mundo mejor.

¡Viva el nuevo mundo!