De aquí dos meses se nos presentan elecciones y empieza el esperado baile de campañas que nos sirve para entender perfectamente el funcionamiento político del país y la solvencia del mismo. Inicialmente el concepto de la campaña electoral define un espacio de un tiempo antes de las elecciones en el que los candidatos pueden dar a conocer sus propuestas y presentar el modelo de país que desean para los siguientes cuatro años. Pero parece que a falta de proyectos sólidos para el país, los partidos han convertido las campañas electorales en un circo de ataques directos y propuestas descabelladas y poco fundamentadas en el quien aquel que consigue atraer más la atención, gana. Hace unos días hablaba de lo que yo creo que le falla a nuestra democracia, hacía una reflexión más al fondo del tema, hoy me gustaría desmenuzar  por encima como los partidos políticos pervierten un sistema que posiblemente sería válido con la buena participación ciudadana y un espíritu democrático renovado, cosa que parece difícil de conseguir.

Es curioso ver como para analizar a los partidos políticos hay que volver a empezar de la misma manera que hablábamos el otro día de los ciudadanos. Sabemos que la esencia de la política es la creación y gestión de un modelo de estado beneficiosos para todos los ciudadanos y que consiga avanzar el máximo posible. También sabemos, pero, que actualmente los políticos entienden las elecciones más como una guerra que como una elección al mejor modelo de construcción, y esto nos lleva a encontrarnos con la antítesis de lo inicial, la destrucción. Aquella destrucción que predica un político que se sube al escenario para cargar contra el enemigo con todas sus fuerzas sin aportar nada de valor, aquella destrucción que vivimos en los debates electorales en los que el objetivo de todos los participantes es dejar en evidencia a los otros, aquella destrucción que transmiten los videos electorales (parece que ahora muy de moda) en el que el gran objetivo es el acoso y derribo al enemigo.

Pero a parte de la destrucción hay alguna cosa más que falla en nuestras campañas electorales, y esta es la falta de ideas (y por supuesto, ideales..). Hace unos días veíamos como el partido de los socialistas presentaba una fragancia como gran objeto de marketing para la precampaña electoral. Alguien les debería decir que esto es algo más que simple marketing (y habla uno al que le encanta el marketing político), que la campaña electoral es un asunto de estado en el que hay que proponer ideas, bases para un futuro mejor, y el día que una fragancia sea una base para un futuro mejor…

Este cambio que reclamamos, de la destrucción y la falta de ideas a la creación de nuevos contenidos sólidos, se producirá en el momento en el que existan nuevos políticos con una visión renovada sobre el tema y una base social preparada para recibir estas nuevas ideas y digerirlas con suficiente madurez para entenderlas y practicarlas. Como siempre, rozamos límites utópicos, pero ya sabemos que la renovación general requiere llegar a ciertos extremos utópicos para marcar nuevos objectivos.

¡Viva las ideas!