Marzo 2008
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Cultura29 Mar 2008 12:24 am|Se lee en 3'08minutos
Ciudadanos con base
Richard Dawkins habla en “Espejismo de Dios” (recomendable libro, muy recomendable) del concepto MANOS (Magisterios No Solapados), creado por Stephen Jay Gould para escenificar de manera fácil aquella idea de que la ciencia y la religión son temas que no tienen puntos de conexión: por la ciencia no vamos a encontrar la religión y por la religión tampoco vamos a encontrar la ciencia. Dawkins hace una sublime crítica a la idea, y nos argumenta de manera simple y directa (con una dosis ironía genial) porque la ciencia y la religión no siguen el principio de los MANOS. El tema merece una larga reflexión al respeto, pero a mí hoy me gustaría trasladar este concepto a la educación actual.
Llegado un punto determinado en nuestro sistema educativo, al alumno se le hace escoger, se le especializa en un sentido o en otro, se le dirige hacia unas temáticas u otras, preparándolo así mejor en vista a la futura carrera universitaria. La idea en sí tiene sentido, los alumnos requieren de diferentes preparaciones para poder llegar tan preparados como sea posible a la universidad, y no hay tiempo para poder formar a los alumnos en todas las materias. Pero sí que creo que hay unas ciertas bases, unas cuantas ideas básicas, que deberían ser transmitidas a los alumnos, así como ciertas posibilidades que tendrían que existir a la hora de escoger.
Nuestro sistema educativo está montado sobre la base de unas asignaturas obligatorias que hacen de los alumnos unos “mejores ciudadanos”, les enseñan aquello básico que deben conocer para ir por la vida, y posteriormente, las especializaciones comentadas anteriormente. No es un MANOS puro, pero realmente la distancia entre los distintos tipos de bachilleratos es enorme, y parecemos encaprichados en crear una separación insalvable. Creo, pero, que estas asignaturas básicas no son suficientes para formar a buenos ciudadanos. Es realmente difícil enseñar todo aquello que requiere un buen ciudadano (de hecho, muchas cosas no las da la educación puramente escolar…) pero sí que creo que hay temas en los que deberíamos dedicar más tiempo: una base de economía para todos (algunos no hemos hecho en la vida), una buena base sobre historia universal que nos permita conocer la historia de nuestro mundo para no repetirla en algunos casos (ídem), una buena base matemática para los ciudadanos que no están en bachilleratos de números, pinceladas sobre literatura…
Es cierto que no hay tiempo para tantas cosas, pero también es cierto que un sistema más dinámico de enseñanza que nos permitiera hacer ciertos temas a los que ahora no tenemos acceso nos haría ciudadanos más completos, con conocimientos básicos sobre temas importantes para poder ir por la vida. La propuesta es la siguiente: existen ahora en bachillerato (y ESO) ciertas horas para hacer un cúmulo de créditos en su gran parte de poca utilidad (con honrosas excepciones) para que los estudiantes puedan (teóricamente) escoger alguna asignatura y cursarla durante la semana. Estos créditos podría ser sustituidos por otros, cambiar la concepción de créditos de ampliación (o iniciación en artes y ciencias poco comunes) por créditos de base, créditos en los que los estudiantes acaben con un cierto conocimiento sobre temas que no están en su bachillerato pero que son necesarios para el mundo real. De esta manera, sin hacer más horas (cosa que sé que es muy difícil de cambiar) ni tener que cambiar estructuras obligatorias (que a la larga debería ser la solución, pero también entiendo que es realmente complejo), podríamos disfrutar de una educación sobre temas importantes en nuestra sociedad y de los que ahora mismo no tenemos acceso.
Para finalizar, creo que también deberíamos hablar de los profesores. Cada reforma educativa es un peso más para un profesorado cansado y, en algunos casos, poco valorado por la sociedad. Bertrand Russell decía que los educadores eran los guardianes de la civilización, y esta concepción debería empezar a ver la luz, deberíamos entender que los educadores son aquellos que transmiten las ideas de una sociedad a los ciudadanos del mañana. Las sociedades modernas que funcionan realmente bien tienen su eje central en un gran respeto a los docentes, y esto es lo que deberíamos hacer en todos los sitios, entender que esta es una responsabilidad compartida por todos (la de formar bien) pero en la que ellos tienen mucho que decir.
¡Viva la educación!
Cultura12 Mar 2008 12:28 am|Se lee en 2'22minutos
Volviendo al blanco y negro
El pasado viernes asistíamos atónitos a la vuelta de ETA a los asesinatos selectivos, asesinatos cobardes, asistíamos a la muestra que ETA busca el asesinato fácil, un político retirado, sin escolta, y lo peor, un asesinato cometido a sangre fría delante de la hija de nueve años, la afectada más directa del asesinato y de la que pocas personas se han acordado. Un asesinato hecho con la intención de hundir la campaña electoral, con la intención de reventar otra vez la normalidad democrática que parecía que volvía después de cuatro años recordando el 11 de marzo, pero que en el fondo solo nos dejaba entender que ETA ha perdido totalmente los papeles y a la desesperada escoge la peor opción que podía escoger. El domingo observábamos (algunos sólo observamos ahora por ahora) otra jornada electoral (aquello que algunos llaman “fiesta de la democracia”, la pregunta es qué tenemos en los siguientes cuatro años..), otra jornada electoral marcada por los muertos y otra jornada electoral que termina con la sensación que la política española va degenerando, y esta vez de manera realmente preocupante.
Parece que el miedo transmitido durante la última legislatura ha conseguido mantener en tensión a todos los españoles, y conseguir la polarización total del panorama político español. Aquello que a muchos nos da mucho miedo quedó certificado el domingo por la noche después de ver que el número de grupo parlamentarios propio en el Parlamento quedaba reducido a cuatro. La democracia española está de duelo, la relativa diversidad de la que disfrutábamos ha quedado sepultada por el bipartidismo que tanto parecemos desear (posiblemente por mimetismo con las grandes potencias mundiales). Sabemos que un diálogo siempre es mejor para todos con un número más grande de interlocutores, la diferencia de puntos de vista en una toma de decisiones siempre es un valor añadido importantísimo, y la presencia de un número importante de grupos parlamentarios nos asegura un mínimo control de la gestión del gobierno, nos asegura que realmente el ciudadano esté minimamente representado (aunque sabemos que muchos no tienen su representación ideológica), y no que el parlamento se convierta en una guerra sin cuartel entre dos idiologías prefijadas que teoricamente son comunes en todos los ciudadanos del pais.
La democracia vive en gran parte de la variedad, variedad de fuerzas políticas que representan a la población. Es imposible concebir una población con solo dos posturas políticas diferentes, los matices son aquellas pequeñas cosas que hacen grande a una democracia, y los estamos perdiendo a marchas forzadas. Esperemos que los partidos grandes entiendan que la magia de la democracia (algunos dirán que pervertimos conceptos..) es exactamente que la voz del pueblo sea escuchada en el congreso, y la voz del pueblo son muchas voces distintas, no solo un par de voces chillando. Esperemos que esto haya sido la reacción a cuatro años anómalos, pero nos vienen por delante cuatro monótonos años con el gran dominio de dos partidos y la imposibilidad de ningun otro de poder meter baza. Es importante ver como encaja nuestro pais el salto al bipartidismo, y a la vez, intentar volver de aquí cuatro años a una representación parlamentaria variada, dejando atrás la homogenización producida el pasado domingo.
¡Viva la variedad!
Cultura06 Mar 2008 08:54 pm|Se lee en 3'07minutos
Política celestial en el siglo XXI
La Conferencia Episcopal Española elegía ayer a su Capo para los próximos tres años, elección que marca la dirección ideológica de la misma en gran medida, ya que la estructura de poder otorga casi todo el control a un presidente que hace y deshace sin el control de casi nadie. Hace tres años veíamos como el Vaticano elegía al nuevo Papa, un nuevo Papa que nos hacía temblar a unos cuantos, un hombre que había sido prefecto de la Congregación por la Doctrina de la Fe (la Santa Inquisición moderna para los de la LOGSE), un Papa con tendencias extremistas y que nos hacía temer un giro de timón de la Iglesia católica hacia la extrema derecha. Ayer, la elección de Antonio María Rouco Varela como presidente de la CEE nos hacía repetir la misma sensación, aquella sensación que la Iglesia ha dejado de intentar acercarse al siglo en el que vive y se ha quedado anclada en un pasado oscuro y tenebroso, en el que miedo y poder siempre habían ido ligados de la mano.
Yo no soy creyente, mi relación con la Iglesia es totalmente nula, pero sí que creo que la Iglesia es uno de los estamentos que tienen más influencia sobre nuestra sociedad (queramos o no, lo que dice el cura para muchos sigue yendo a misa), y solo por esa razón hay que observar el camino de la misma e intentar entender qué pueden provocar sus movimientos. Durante mucho tiempo, Iglesia y poder había ido siempre de la mano, la Iglesia era uno de los organismos de control de una sociedad, un organismo basado en el miedo que se acoplaba a la perfección al modelo de gobierno absolutista en el que los pocos que tenían el poder, tenían también la capacidad con la ayuda de la Iglesia de tener controlado al pueblo. Con el salto a la modernidad, la aparición de cabezas pensantes que entendieron que alguna cosa no cuadraba en el modelo, la Iglesia tuvo que reconducir el discurso, pasó a ser una parte de la sociedad, siempre con parte del pastel pero no con aquel control absoluto de los años anteriores. Actualmente vemos a una Iglesia descolocada, las sociedades están empezando a abandonar la religión como base de nuestra vida, y eso les hace daño, mucho daño, se acabó el negocio.
Esta Iglesia descolocada nos da cada vez más argumentos para malpensar, el giro hacia el conservadurismo puro nos indica que asumir que el mundo avanza es complicado, y más cuando antes se vivía mejor. La Iglesia no ha entendido que sin mirar adelante no se avanza con propiedad, que urge la necesidad de hacer cambios en los modelos estructurales de gobierno de la misma, que la política del miedo ya no funciona en una sociedad en la que la educación está cada vez más extendida y también (posiblemente lo que hace más daño) que el dinero puede dejar de caer del cielo. Creo, por lo tanto, que la separación Iglesia-Estado debería ser tan clara y definida que en ningún caso el dinero del ciudadano vaya a parar a la Iglesia sin que éste dé su permiso (cierto es que actualmente se cede parte de la declaración de la Renta solo de aquellos que así lo quieren). Pero, a la vez, también hay que marcar esta separación en el terreno social, hay que hacer entender a la gente que las religiones no tienen ninguna relación con el estado, de manera que este no prefiere a una por delante de la otra. La separación Iglesia-Estado absoluta es posiblemente la única vía para dar al ciudadano libertad de elección en el terreno de la religión,un terreno íntimo en el que el mismo ciudadano debería ser el único responsable de su decisión.
Vamos a ver si el señor Rouco Varela empieza a entender que su terreno es la religión, y que aprovecharse de su posición para hacer política es aprovecharse de toda una institución. En el momento en que la Iglesia empiece a pensar más en los feligreses, posiblemente podremos ver una Iglesia integrada en una sociedad moderna, cosa que parece realmente muy complicada, pero a la vez es la única solución para la desaparición del malestar de la iglesia en nuestra sociedad.
¡Viva la libertad de pensamiento!