Política celestial en el siglo XXI
La Conferencia Episcopal Española elegía ayer a su Capo para los próximos tres años, elección que marca la dirección ideológica de la misma en gran medida, ya que la estructura de poder otorga casi todo el control a un presidente que hace y deshace sin el control de casi nadie. Hace tres años veíamos como el Vaticano elegía al nuevo Papa, un nuevo Papa que nos hacía temblar a unos cuantos, un hombre que había sido prefecto de la Congregación por la Doctrina de la Fe (la Santa Inquisición moderna para los de la LOGSE), un Papa con tendencias extremistas y que nos hacía temer un giro de timón de la Iglesia católica hacia la extrema derecha. Ayer, la elección de Antonio María Rouco Varela como presidente de la CEE nos hacía repetir la misma sensación, aquella sensación que la Iglesia ha dejado de intentar acercarse al siglo en el que vive y se ha quedado anclada en un pasado oscuro y tenebroso, en el que miedo y poder siempre habían ido ligados de la mano.
Yo no soy creyente, mi relación con la Iglesia es totalmente nula, pero sí que creo que la Iglesia es uno de los estamentos que tienen más influencia sobre nuestra sociedad (queramos o no, lo que dice el cura para muchos sigue yendo a misa), y solo por esa razón hay que observar el camino de la misma e intentar entender qué pueden provocar sus movimientos. Durante mucho tiempo, Iglesia y poder había ido siempre de la mano, la Iglesia era uno de los organismos de control de una sociedad, un organismo basado en el miedo que se acoplaba a la perfección al modelo de gobierno absolutista en el que los pocos que tenían el poder, tenían también la capacidad con la ayuda de la Iglesia de tener controlado al pueblo. Con el salto a la modernidad, la aparición de cabezas pensantes que entendieron que alguna cosa no cuadraba en el modelo, la Iglesia tuvo que reconducir el discurso, pasó a ser una parte de la sociedad, siempre con parte del pastel pero no con aquel control absoluto de los años anteriores. Actualmente vemos a una Iglesia descolocada, las sociedades están empezando a abandonar la religión como base de nuestra vida, y eso les hace daño, mucho daño, se acabó el negocio.
Esta Iglesia descolocada nos da cada vez más argumentos para malpensar, el giro hacia el conservadurismo puro nos indica que asumir que el mundo avanza es complicado, y más cuando antes se vivía mejor. La Iglesia no ha entendido que sin mirar adelante no se avanza con propiedad, que urge la necesidad de hacer cambios en los modelos estructurales de gobierno de la misma, que la política del miedo ya no funciona en una sociedad en la que la educación está cada vez más extendida y también (posiblemente lo que hace más daño) que el dinero puede dejar de caer del cielo. Creo, por lo tanto, que la separación Iglesia-Estado debería ser tan clara y definida que en ningún caso el dinero del ciudadano vaya a parar a la Iglesia sin que éste dé su permiso (cierto es que actualmente se cede parte de la declaración de la Renta solo de aquellos que así lo quieren). Pero, a la vez, también hay que marcar esta separación en el terreno social, hay que hacer entender a la gente que las religiones no tienen ninguna relación con el estado, de manera que este no prefiere a una por delante de la otra. La separación Iglesia-Estado absoluta es posiblemente la única vía para dar al ciudadano libertad de elección en el terreno de la religión,un terreno íntimo en el que el mismo ciudadano debería ser el único responsable de su decisión.
Vamos a ver si el señor Rouco Varela empieza a entender que su terreno es la religión, y que aprovecharse de su posición para hacer política es aprovecharse de toda una institución. En el momento en que la Iglesia empiece a pensar más en los feligreses, posiblemente podremos ver una Iglesia integrada en una sociedad moderna, cosa que parece realmente muy complicada, pero a la vez es la única solución para la desaparición del malestar de la iglesia en nuestra sociedad.
¡Viva la libertad de pensamiento!
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Marzo 8th, 2008 at 11:18 am
Em pregunto quan deixarà de ser l’Església una llosa pel progrés, daferrar-se contínuament al passat més remot. La Santa Negació.
Ja veurem quines sorpreses (sempre dins del marc establert d’oposar-se a tot)ens depara monseñor Rouco.
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Marzo 8th, 2008 at 2:22 pm
d’aferrar-se.
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