Volviendo al blanco y negro
El pasado viernes asistíamos atónitos a la vuelta de ETA a los asesinatos selectivos, asesinatos cobardes, asistíamos a la muestra que ETA busca el asesinato fácil, un político retirado, sin escolta, y lo peor, un asesinato cometido a sangre fría delante de la hija de nueve años, la afectada más directa del asesinato y de la que pocas personas se han acordado. Un asesinato hecho con la intención de hundir la campaña electoral, con la intención de reventar otra vez la normalidad democrática que parecía que volvía después de cuatro años recordando el 11 de marzo, pero que en el fondo solo nos dejaba entender que ETA ha perdido totalmente los papeles y a la desesperada escoge la peor opción que podía escoger. El domingo observábamos (algunos sólo observamos ahora por ahora) otra jornada electoral (aquello que algunos llaman “fiesta de la democracia”, la pregunta es qué tenemos en los siguientes cuatro años..), otra jornada electoral marcada por los muertos y otra jornada electoral que termina con la sensación que la política española va degenerando, y esta vez de manera realmente preocupante.
Parece que el miedo transmitido durante la última legislatura ha conseguido mantener en tensión a todos los españoles, y conseguir la polarización total del panorama político español. Aquello que a muchos nos da mucho miedo quedó certificado el domingo por la noche después de ver que el número de grupo parlamentarios propio en el Parlamento quedaba reducido a cuatro. La democracia española está de duelo, la relativa diversidad de la que disfrutábamos ha quedado sepultada por el bipartidismo que tanto parecemos desear (posiblemente por mimetismo con las grandes potencias mundiales). Sabemos que un diálogo siempre es mejor para todos con un número más grande de interlocutores, la diferencia de puntos de vista en una toma de decisiones siempre es un valor añadido importantísimo, y la presencia de un número importante de grupos parlamentarios nos asegura un mínimo control de la gestión del gobierno, nos asegura que realmente el ciudadano esté minimamente representado (aunque sabemos que muchos no tienen su representación ideológica), y no que el parlamento se convierta en una guerra sin cuartel entre dos idiologías prefijadas que teoricamente son comunes en todos los ciudadanos del pais.
La democracia vive en gran parte de la variedad, variedad de fuerzas políticas que representan a la población. Es imposible concebir una población con solo dos posturas políticas diferentes, los matices son aquellas pequeñas cosas que hacen grande a una democracia, y los estamos perdiendo a marchas forzadas. Esperemos que los partidos grandes entiendan que la magia de la democracia (algunos dirán que pervertimos conceptos..) es exactamente que la voz del pueblo sea escuchada en el congreso, y la voz del pueblo son muchas voces distintas, no solo un par de voces chillando. Esperemos que esto haya sido la reacción a cuatro años anómalos, pero nos vienen por delante cuatro monótonos años con el gran dominio de dos partidos y la imposibilidad de ningun otro de poder meter baza. Es importante ver como encaja nuestro pais el salto al bipartidismo, y a la vez, intentar volver de aquí cuatro años a una representación parlamentaria variada, dejando atrás la homogenización producida el pasado domingo.
¡Viva la variedad!